El instante de la nada
Dicen las personas solitarias que hay quienes vivimos del reto para no aguardar la rutina y su soledad. Algo habrá de cierto en eso, pero es mérito de cada quien mantener sus soledades ocultas, no darle espacio a la emoción desbordada. Aquella masa de individuos más cercana, eso que llaman débilmente sociedad, nos ha ofrecido una ganga apestosa y hemos decidido tomarla. Nos ha vendido la mesura, la prudencia, el silencio que le quita poder al otro. En pocas palabras, una armadura pesada y tosca que simplemente nos pone en ridículo y nos hiere. Yo he preferido desbordarme en insensatez, ya tendré muchos años para hacer uso de la prudencia...cuando las grietas en la piel me engañen haciéndome pensar que el alma también está agrietada; en esos días quizá me deje convencer que debo callarme las dudas, los miedos, las ganas, los sentimientos. Ese día quizá muera mi personalidad irrefrenable y ese mismo día inventaré un epitafio lindo para colgar en el techo de mi cuarto, dos cortas...